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Goyo Valmorisco

Me gustaría decir que soy un diletante pero mi padre, más prosaico, me definiría como catacaldos. Es lo que nos dejó como legado y fue una herencia fabulosa.

Creativo publicitario durante 25 años, fotógrafo, escritor, ilustrador, incansable jugador de billar... errático aprendiz de calígrafo y curioso probador de cuantas técnicas se ponen a mi alcance, detuve mi búsqueda cuando descubrí la caligrafía con mayúsculas de la mano de Anna Coll. A partir de entonces el aire que respiro está compuesto de oxígeno, nitrógeno y nogalina.

Hoy mi pasión por esculpir letras cobra un nuevo impulso al enseñar a otros a construirlas, mientras se olvidan "del ruido milenario que hace la tierra girando en el eje oxidado y sin aceitar", como escribió García Márquez.